viernes, 16 de julio de 2010

Maran Cuculi

No tiene una gran voz, ni es un virtuoso del arpa. No es un artista de masas ni de grandes conciertos. Solo es un humilde hombre de pueblo, que toca y canta en solitario en serenatas y aniversarios. A veces hace dúo con un violín, o un charango. Quizás con una guitarra o talvez con un acordeón.

Su nombre artístico es lo mejor que tiene. Pero mucho mejor es el sentimiento popular que trasmite sus canciones. Su arpa evoca los sonidos naturales de nuestra geografía pausina. Evoca las grandes nostalgias del retorno a la patria chica. Sus canciones despiden el aroma de los eucaliptos y romeros, huele a bosta de las vacas del camino. Su música sabe a queso, cancha y mote.

Maran Cuculi sin ser un gran artista, ha calado profundamente en el sentimiento popular. Por que es natural, tierno y amigable como nuestro idioma materno. Porque somos nosotros mismos canturreando viejos huaynos pausinos. Por que me trae el recuerdo de mamá Raquel, atendiendo en su viejo hotel pueblerino. La música de Maran Cuculi es viajera y lejana como las recuas de llamas que bajan de las alturas de Oyolo. Sus huaynos es añoranza pura como la leche materna. El arpa de Maran Cuculi suena a bombarda de fiesta tradicional, de su vientre brota el eco de mis nostalgias.


Lo escuche por primera vez en una reunión familiar, tocando con el popular Tulio Gutiérrez. Aquella noche hicieron cantar a la recordada tía Delia Pebe de Canales y a sus hermanas Raquel, Elida, Rosa, Calixto y Tomas.

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